Desequilibrio macroeconómico

Desequilibrio macroeconómico

El gobierno y el FMI esperan que la tasa de interés baje de las nubes, o que el tipo de cambio baje ya que funciona como su espejo. Un escenario que no parece cercano y en el medio genera problemas macro. Las creencias del pensamiento económico.

*Por Mara Pedrazzoli

Economista

Los economistas contamos con herramientas analíticas que permiten calcular, suponiendo que existe un estado de equilibrio, cuál es el nivel de precios que tornaría esa situación sustentable. Claro que el señuelo de ese razonamiento está en la palabra “suponiendo” (que el estado de equilibrio existe y puede conservarse) y en la creencia de que los mercados a través de la “competencia libre y perfecta” encontrarán solos ese sistema de precios estabilizador.

Siguiendo esa doctrina de dejar que los mercados hagan es que el equipo económico –de por entonces Federico Sturzenegger, Lucas Llach, Alfonso Prat Gay y Luis Caputo- decidió desregular el mercado de capitales y dejar que el tipo de cambio flotara libremente; lo cual resolvió varios problemas de los argentinos (ironía).

Cuando el gobierno decidió pedir ayuda al FMI para contar con los dólares que no habían llegado por motus propia terminó implementando un programa monetario con fuerte regulación, esta vez, a la oferta de base monetaria y títulos (Lebac, Leliq, Lecap, Lecer), en lugar de a la demanda de dólares. El programa monetario que hoy día monitorea el FMI es de lo más rudimentario que jamás se ha visto en materia de política económica nacional, excepto la Convertibilidad (quizá justamente por su intervención brusca hayan contado con un éxito de corto plazo).

Con el programa de la Convertibilidad, fijando un precio (el tipo de cambio ARS/USD 1) se esperaba “equilibrar” la cantidad demandada y ofrecida de dólares. Con el programa de crecimiento 0% de la oferta de base monetaria se pretende alcanzar el “equilibrio” en los precios: en la tasa de interés y –como espejo- el tipo de cambio. Sin embargo, el gobierno y el FMI parecen encontrar una vez más serias dificultades para alcanzar su cometido. La tasa de interés debería ubicarse en la mitad de su nivel actual para vacia el “exceso” de dinero o títulos, y así equilibrar también el mercado de cambios.

Es decir, la tasa de interés debería llegar a 30% según recientes estimaciones del economista Ramiro Castiñeira, creyente en la eficiencia de los mercados y en este gobierno. El Banco Central buscará facilitar esa convergencia, por eso el día viernes eliminó su compromiso a mantener la tasa por encima del 60% a partir del 3 de diciembre. Y en la semana rebajó la tasa de las Leliq hasta 63% anual (en lo que fue el mayor recorte desde la puesta en marcha del nuevo programa monetario el 1 de octubre). En concordancia, el tipo de cambio subió unos centavos y se rumorea entre especialistas que pronto finalizará el “veranito cambiario”. Las reservas del Central cayeron, esta semana y la anterior.

El problema con este tipo de doctrinas o creencias es que son demasiado “optimistas”, como le gusta decir al gobierno. Creen de manera casi fanática (irracional) en la eficiencia de los mercados, en que solos y libres conducirán al equilibrio macroeconómico: algo que nunca nadie ha visto.

La diferencia entre la eficiencia “micro” y “macroeconómica” fue planteada por J. M. Keynes hace casi 100 años. No hay garantía de equilibrio en todos los mercados en simultáneo, más bien ocurre lo contrario: la economía como sistema tiende a funcionar en estado de desequilibrio.

Quienes diseñan hoy día la política económica argentina están convencidos que el equilibrio en los mercados monetario, financiero y cambiario, una vez alcanzado (lo cual no parece ser pronto), conducirá por sí solo al equilibrio del lado “real” de la economía; es decir al crecimiento, recuperación del empleo y del poder de compra de los salarios, etc. Claro que detrás de esa creencia hay una ideología o jerarquización de los problemas macro: “¿Inflación o desempleo?” ó “Inflación y desempleo” son las dos grandes posiciones que engloban el pensamiento económico.

 

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