Historias de trabajo 14

Historias de trabajo 14

Luciana Muscio es socióloga, egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Y docente de la materia Historia Rural Argentina. Como investigadora del Centro de Historia Argentina y Americana de la Facultad de Humanidades, se especializa en el estudio de la agricultura familiar, el cuidado del ambiente y las condiciones de sustentabilidad agropecuaria. También, orienta su trabajo al estudio  de colonias agrícolas y políticas de acceso a la tierra. Le gusta el cine y la literatura. Practica caminatas.

¿Cómo se compone tu núcleo familiar directo?

Somos un matrimonio con un nene de seis años.

¿Si consideraras tu familia ampliada, personas con las que te vinculás habitualmente?

Soy de La Plata. Pero cuando tenía quince años mis padres decidieron volver a su ciudad natal: Necochea. Y a los dieciocho volví. Tengo vínculos allá, de la adolescencia, y vínculos acá, que tienen que ver con mi niñez y parte de mi familia. Así que acá en La Plata tengo a mis tíos y a mis dos tías. Y mi marido. Son como mi red de contención.  Y mi hermana, que también está casada. Y en Necochea está mi mamá y parte de mi familia paterna. Y después tengo muchos amigos y amigas.

¿Cuáles son los hechos más significativos de tu vida?

Nacer en esta ciudad y haberme mudado en mi adolescencia a Necochea fue un cambio abrupto. Al principio resistido y después bienvenido. Me permitió libertad. Vivir fines de los 90, en esta ciudad, era muy difícil. Se vivía más encerrado. Con miedo por parte de los padres. En esa época no existía el teléfono celular para que te estuvieras comunicando. Entonces, para mí la mudanza fue como que me entregaran las llaves de la casa y salí a vivir la vida. En una época donde uno se está forjando su identidad, empieza a salir, empieza a moverse solo. Y después, un cambio volver a la ciudad y volver a vivir sola. Porque volví acá. Y, si bien tenía mi red de contención, me vine a vivir sola. Como una estudiante, con un departamento. Sola. Entonces, fue: ‘a los dieciocho a hacerse cargo’. Y arrancar una carrera en la que no tenía idea. Venía de una trayectoria de escuelas contables y lo único que tenía claro era que no quería estudiar contabilidad ni nada parecido. Siempre me habían llamado la atención las humanísticas. Y un poco acompañada por mi viejo. Mi viejo era investigador del Conicet. Laburaba con las vinchucas. Y lo que tengo más presente es su trabajo de campo. Él muestreaba en el norte, en Córdoba, en Cruz del Eje. Con campesinos. Y había un rasgo, que era el compromiso social. Yo tenía mucho diálogo. Me puse a ver las carreras que había y me dije que Sociología debía andar por las que me gustaban. Pero no tenía ni idea. En la vida había leído a Marx (Karl). Mi información de base era espontánea. Matemáticas era mi formación. Así que entrar en la facultad fue mucho cambio. Épocas difíciles. Cambió mi manera de ver la política. No estaba tan inserta en la política. Si bien siempre me interesó todo lo que fuera organización colectiva, en la escuela, para juntar fondos y lo que fuera, y la organización del centro de estudiantes estaba dentro de mi experticia, fue todo como un cambio encontrarme con ese mundo. Y con una facultad convulsionada. Época difícil, de recorte, de marcha. Y bueno, en ese tránsito, en el 2003, como un hito importante y quiebre, mi viejo tuvo un accidente y falleció. Ese fue como un hecho importante. Además, porque yo vivía con él. Él era investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Pero eran momentos difíciles del CONICET. Y cuando él decide irse a Necochea, se toma licencia sin goce de sueldo y se va a trabajar al Municipio como Director de Medio Ambiente. Y cuando vuelvo a estudiar, medio que deja la gestión y vuelve al CONICET. Y en esas idas y vueltas tiene el accidente. Y ahí fue el torbellino. Porque me acompañó en la carrera y en conocimientos e inquietudes. Y en ese momento tuve dos opciones. O largar todo o aferrarme a la facultad. Y fue lo que hice.  Y ahí, un poco recuperando lo que vivía con él. Porque me encanta la Sociología pero tengo una pata fuerte en las Ciencias Naturales. Porque era Biólogo y yo decía ‘quiero estudiar Ciencias Naturales’. Y a partir de ahí me fui acercando a lo rural. Sabía, por una amiga de él, que estaba trabajando con productores en el Parque Pereyra. Entonces, en una de mis últimas materias de la facu, que tenía que ver con la acción colectiva, empecé a acercarme a un grupo de productores del Parque Pereyra. Y pude unir mis deseos. Por un lado la Sociología. Y por otro, las Ciencias Naturales y el campo, que me llama la atención. Pude unir la experiencia con mi viejo, el laburo de campo, anécdotas de sus viajes con campesinos. Y la historia de mis abuelos maternos, que fueron peones. Y transitaron todo el peronismo desde esa visión, de trabajadores rurales. Y como una cosa fue llevando a la otra, terminé en el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), que es mi otra pata profesional. Ahí busqué estrategias para trabajar en lo que me gustaba. Y busqué, en 2008, una beca CONICET que no salió. Salió en 2009. Y arranqué también el Posgrado.

¿Cuáles temas de debate público, mediático o cara a cara, te movilizan?

Desde el aborto y el feminismo, pasando por los derechos de los trabajadores, nuestro debate dentro del INTA, la defensa de la agricultura familiar de los sectores más descapitalizados. Es una agenda no habitual. Entró en agenda en el conflicto del campo en 2008. Pero desvirtuado. Se mezcló todo. Esto de que el campo somos todos y que el campo es todo igual, no es verdad. Hay desigualdad y un proceso de concentración fuerte. Otro tema que trabajamos en la cátedra, particularmente yo, es agroquímicos, agroecología, soberanía alimentaria. Con cuestiones que tienen que ver con la autonomía, tanto de la población para acceder al alimento como de los productores. Y otro de los ejes fuertes tiene que ver con dictadura, con ciencia y dictadura, y con agro y dictadura. Cómo las huellas de la dictadura se sienten hasta hoy y cuáles fueron los cambios abruptos que se dieron en esos años. Y que llevan a que hoy tengamos un  modelo concentrador, y de altos insumos, contaminante y expulsor.

¿Practicás deportes?

No soy muy deportista pero hago pilates. Porque mucho de lo que pasa afuera me pasa por el cuerpo. Entonces encontré una actividad que me ayuda a estirar. Soy de contracturarme mucho.

¿Mirás deportes, te gusta el fútbol?

Tengo un hijo varón, fanático del fútbol. Así que lo acompaño en sus actividades y lo llevo al club. Lo que no tengo es un espíritu de competencia. Nunca lo tuve. Tengo une espíritu colaborativo. Entonces, siempre los deportes de competencia me resultaron hostiles. Pero esa es mi relación con el deporte. Me gusta mucho lo que tiene que ver con el tracking, caminatas. Elijo lugares de turismo donde pueda tener contacto con la naturaleza. Me gustan las Olimpiadas, ahí disfruto, sobre todo Gimnasia Artística. Me genera mucha admiración esa capacidad que no tengo.

Y en cuanto al arte: ¿Te gusta la música, el cine, el arte pictórico?

Me gusta mucho el cine. Me gusta mucho el cine arte. Me gusta mucho la literatura. Los libros. Leer novelas, sobre todo novelas de mujeres. Estoy en una etapa de lectura femenina y feminista.  Y de autoras, en su mayoría, latinoamericanas. Porque me permite, además, tener material para trabajar en mis clases. Me gusta leer novelas históricas. O novelas que tengan que ver con problemáticas sociales, de países latinoamericanos, me nutren de argumentos. Después, con la música, me gusta el rock nacional. La maternidad alejó de los recitales. Pero trato de ir cuando puedo. Me gusta mucho Catupecu (Machu). Y la Vela Puerca y ese tipo de grupos musicales.

Contame tu militancia.

Durante mi instancia en la facultad no milite en ninguna agrupación porque supongo que tengo una autoexigencia muy grande y por tener que rendir finales. Estaba muy abocada al estudio. Participaba de espacios pero nunca de manera orgánica o siendo parte de una agrupación. Y después, sí tengo una participación grande en el gremio. Mi marido es Delegado sindical de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado). Y ahí tengo mucho vínculo, sobre todo en determinadas fechas organizamos jornadas de reflexión, de debate. Sobre todo por aniversarios de la dictadura, del 8M. En esos momentos sí le ponemos mucho el cuerpo. Después, tengo una militancia desde lo laboral, si se quiere. No desde una ONG. Sí desde una postura política en mi investigación y mi trabajo. También es difícil hablar de muchas cosas en este contexto hostil. Hay cosas que hay que cuidarse cómo las decís. No en la Facultad. Pero particularmente en este contexto estamos atravesando por un recorte muy fuerte sobre la agricultura familiar. Es un proyecto que apunta a los sectores más concentrados y no a los más descapitalizados.

¿Qué opinión tenés sobre la cobertura de derechos de los jóvenes por parte del Estado?

Estamos en un momento de retracción del Estado. Las políticas en las cuales se había avanzado, como conectar igualdad u otras políticas de acceso de los jóvenes o de igualdad de los jóvenes, se han retraído fuertemente. Hay un problema en la sociedad donde el joven es visto como el desinteresado, el vago, y si sos de sectores populares, como el peligroso. Eso me genera mucha angustia. Me parece muy injusto. Y, además, genera acciones muy terribles. De mucha violencia. Hay una carga muy fuerte sobre ellos. Sobre lo que debieran hacer o no debieran hacer. Y hay muy poca comprensión de lo difícil que es ser joven. Es un momento de avance del individualismo. De serias dificultades sociales. Los niños y los jóvenes son los que más sufren. De un Estado que no está presente. Cada vez es más diferente la educación a la que se puede acceder desde la clase media, media-alta y desde los sectores populares. Y la verdad es que eso es muy triste.

¿Y en cuanto a la cobertura de derechos de las mujeres?

Me parece que hubo avances y hay cosas en las que no se pudo avanzar. El aborto no salió durante todo este tiempo. Y en cuanto a violencia de género, hay un crecimiento abrupto y no hay una política. Si no hay acompañamiento para que las mujeres puedan salir del hogar, no es posible cortar la violencia. Si la mujer no se puede ir con sus pibes a otro lugar, no es posible. Queda en manos de Organizaciones No Gubernamentales, o de la solidaridad, o de las redes de contención.

Contame los principales temas de investigación que desarrollaste hasta ahora.

Producciones chacareras, medio ambiente, sustentabilidad. Y analizando las percepciones de los sujetos en relación a sus prácticas y el ambiente. Y después, en la misma dinámica de la institución en la que estoy, en el INTA, estamos trabajando a demanda. Al no tener financiamiento, las investigaciones a mediano o largo plazo son difíciles. Y uno empieza a agarrar la agenda en función de la disponibilidad de proyectos, del financiamiento externo. Mis últimas líneas de investigación y de acción, porque a veces no se llega a investigar, han tenido que ver con organizaciones de la agricultura familiar. También, un trabajo muy lindo que hicimos el año pasado con campesinos en Santiago del Estero, en el monte, con cocinas a leña mejoradas. Un abordaje interdisciplinario. Trabajando con mujeres campesinas. También por la adaptación que ellas hacían de esas cocinas. Tengo una línea de trabajo con mujeres y jóvenes. Depende de cómo vaya la línea institucional.

¿Conclusiones de tus investigaciones que quieras destacar?

Tengo otra línea de investigación que la tengo medio freezada y siempre la saco, que tiene que ver con colonias agrícolas y con políticas de acceso a la tierra en la actualidad y qué ha quedado de esos espacios rurales para las familias rurales. El escenario no es muy alentador. Un poco por el avance de los debates, se discute, por presión de algunos sectores, por un contexto económico. Por ese lado se ha avanzado muchísimo y cada vez hay más productores agroecológicos. Y experiencias de venta directa. Y después, lo que tiene que ver con la concentración en el agro, los números que se ven son desastrosos. Es una problemática grave porque no hay noción de eso. Y de las consecuencias. Siendo un país agroexportador, dependemos de las divisas el agro para hacer funcionar otros sectores. La industria depende mucho del agro. Dejar en manos de sectores cada vez más concentrados y especulativos el país, es un tema respecto al que no hay noción en la sociedad. Es el avance de los pules de siembra, de los fideicomisos y de sectores concentrados que no tienen arraigo. Independientemente que los productores más chicos necesitan hacer de eso una forma de vida, pero es una forma de vida. Necesitan tener ganancia pero también es una forma de vida. Es una bomba de tiempo que en algún momento puede llegar a explotar. Es difícil construir y difícil volver a construir. Modificar la estructura agraria. Requiere, además, un poder del Estado que cada vez es más chico. Más allá de la orientación que tenga el Gobierno, desarmar procesos de concentración es cada vez más difícil. Pero el avance de la agroecología es un proceso que de a poco, si logramos que no se lo apropien las empresas, es una ventanita que se abre interesante. Que se empiece a producir desde el campo popular a este modelo que avanza.

¿Cómo te afectaron a vos el desarrollo de tus investigaciones?

A mí me pasa todo por el cuerpo. A veces tengo dudas de por qué hago lo que hago, voy al barro y se me acomodan las ideas. Y digo, era por acá. A veces son contextos hostiles. Trabajando con chacareros, no estás a veces en la misma línea. Pero está bueno comprender al otro. Es difícil entender la empatía. Pero siempre trato de llegar a ese punto. Y me han pasado cosas muy lindas. Trabajando en las colonias. Y trabajo con otra compañera Socióloga, que hacemos buena dupla, en colonias agrícolas de Necochea. Y a partir de nuestro trabajo de investigación, de ir haciendo entrevistas, se generó una movilización en los colonos que aún viven en el campo, que tienen la propiedad de sus campos, que empezaron a juntarse, a hablar de lo que fue su colonia. Y eso es muy lindo. Que a partir de la intervención de uno se generó transformación en el territorio. Y la experiencia con los campesinos es muy interesante. Y yo te conté lo de mi viejo, que viajaba a Cruz del Eje, con los campesinos. Yo después de mucho análisis logré hacer ese vínculo. Algo de eso que mi viejo me contaba, me atrajo de niña y es una manera de volver a esas historias.

¿Le adjudicás algún impacto a tus investigaciones en la Universidad, en las comunidades, en otro espacio?

En la comunidad es lo que te acabo de contar. En la Universidad, paso algo raro. Este año arrancamos con pocos inscriptos. La cátedra tiene un problema. Tiene un nombre que no atrae. Historia Rural Argentina a los chicos les remite a una historia vieja. No trabajamos desde esa lógica pero el nombre te condiciona mucho. Suena a compendio de economía y contar vaquitas, como decía una compañera. Y en realidad, en la cátedra trabajamos mucho lo que tiene que ver con conflictos. Desde conflictos ambientales o ciencia y dictadura. O cuestiones que tienen muy poco que ver con ese otro concepto. Entonces, este año, para arrancar la cátedra tratamos de hacer cosas innovadoras y organizamos una charla sobre bromatología y soberanía alimentaria con una pareja de productores agroecológicos de Florencio Varela. Estuvo buenísimo. Vino un montón de gente. Yo tenía mucho miedo que vinieran cinco pibes nada más. Y vinieron un montón. Desde docentes de la Facultad interesados en la temática, hasta público en general, alumnos, y alumnos de otras carreras. Y la clase siguiente tuve el doble de alumnos. Se corrió la bola y los pibes, por el boca en boca, empezaron a difundir que esta materia tenía mucho más para decir que lo que decía el título. Y ahora tenemos 12 alumnos. Para una materia que se plantea como taller, está bueno.

¿Cuáles son los centros de investigación u organismos a los cuales te vinculás?

Dentro de la Facultad, en el CHAyA (Centro de Historia Argentina y Americana). Y después trabajo como investigadora en el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), en un Instituto Para la Agricultura Familiar, que es el IPAF de la Región Pampeana.

Si tuvieras un espacio en Radio Universidad para difundir lo que hacés ¿Qué difundirías?

Otra de las cosas que hago en la cátedra es ser una militante del consumo como acto político. Y hablo mucho con los chicos. Que uno como consumidor puede elegir a quién comprarle. Desde comprarle directamente a productores que venden producción agroecológica, a ser consumidora de cooperativas de consumo. La mayoría de lo que se consume en casa es de organizaciones campesinas o redes alternativas. Y me parece que es un espacio interesante para hablar de este tema. De consumo responsable, de soberanía alimentaria. La charla que organizamos en la Facultad, el título era Detrás de la Ensalada. Detrás del plato de comida hay un montón de relaciones, de producción humana, que están como escondidas. Entonces, es sacar eso a la luz y empezar a hablar de lo que producimos y consumimos.

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