La clase media pisó el palito

La clase media pisó el palito

*Por Antonio Colicigno (Mg Politica Social – FLACSO y Docente UNLP)

La Aripuca era una trampa de origen guaraní utilizada para capturar animales cuya ingeniería se activaba cuando las presas pisaban el palito y la estructura de madera se les caía, dejándolos atrapados.

En nuestro país quien siempre se caracterizó en pisar el palito fue la clase media, por creerse algo que no es y reproducir un discurso elaborado contra ella. La clase media repitió como un loro que “pagábamos muy poco”, cayendo en la trampa que permitió justificar el aumento de las tarifas con la promesa de la mejora del servicio.

Pero lo que nunca entendió la clase media es que los subsidios sobre los servicios públicos funcionaban como un salario indirecto destinado a que tenga un piso de dignidad. ¿Cómo funcionaba eso? Fácil, ese aumento exponencial que recae en la actualidad sobre las tarifas que pagamos de electricidad, gas natural, agua corriente, peajes, tren y el boleto del colectivo, antes se lo cobrábamos a las familias oligarcas, justamente, por ser ricas y oligarcas. Esta era la redistribución de los ingresos que proponía el Estado social, una política progresiva que transfería de arriba hacia abajo.

La clase media era una de las principales beneficiarias por esta política porque ella representa ese lugar simbólico al que se llega únicamente por medio del consumo. Hasta no se hace mucho, acá a la vuelta de la esquina, Juan podía comprarse su 0 KM, María viajaba al Caribe y Mario cambiaba su celular todos los años. Y así, cada uno y según su poder de consumo iba ubicándose en esa categoría que llaman «clase media».

Sin embargo, hoy esa clase media ya no puede darse esos lujos porque el salario indirecto que percibía mediante el subsidio de los servicios públicos fue lo primero que el Estado oligarca le quitó. Desaparecieron los subsidios, por ende, las tarifas se dispararon permitiendo la transferencia de ingreso de abajo hacia arriba más abrupta de la historia de la Argentina. Según el último informe de la Universidad de Avellaneda (Undav) la gestión de Mauricio Macri dejará un acumulado de los servicios públicos de más del 3500%.

Además, inflación altísima, caída del salario real, mayor desocupación, pobreza e indigencia, desindustrialización, cierre de comercios, y podemos seguir.

Pero por qué hablamos centralmente de las tarifas, porque esas son decisiones de Estado que llevaron a que los trabajadores y trabajadoras tengan que destinar porcentaje mayor de sus ingresos al pago de los mismas en desmedro de consumos que hacen en muchos casos, a una vida más saludable, ir al teatro, a cenar o al cine o comprarse algo novedoso para su hogar, pero también, para otros significó bajar el consumo de alguno de los servicios, en pleno siglo XXI, apagar la luz o desconectar de la red de gas porque se  excedió con el consumo y usar garrafa para controlar el gasto. Y eso crea un círculo perverso que atenta contra el mercado interno y de un consumo que movilice la economía.

Pero lo peor no es que tengan que desconectarse de la red de gas, lo peor es que se haya naturalizado que en pleno siglo XXI las personas que no puedan pagarlo deban desconectarse. Ya lo sostuvo el crack de lo nacional y popular, Arturo Jauretche cuando aseguró que ninguna dominación sobre las mayorías populares podría tener lugar si estas mayorías no hubiesen sido colonizadas pedagógicamente para naturalizar los hechos concretos de la dominación a las que se les somete.

Dejemos de caer en la trampa y de pisar el palito. Sepamos a quién vamos a votar.

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