La zoncera de las choriplaneras

La zoncera de las choriplaneras

*Por Mauro Brissio

Magíster en Comunicación (UNLaM)

 

Siempre se recomienda volver a Jauretche en tiempos de zonceras neoliberales y, sin dudas, esto es lo que intentaremos abordar en las próximas líneas porque, entre los que discutimos la política todos los días ― que somos los fantasmas de siempre que nunca se pisan las sábanas ― Don Arturo es la doctrina de la que nos aferramos para entender la coyuntura.

Durante los últimos años se han construido zonceras de todo tipo, volviendo zonzo a quien la repite y, como no nos gusta que nos tomen por zonzo, solo debemos recurrir a nuestro prócer de lo Nacional y Popular para que nos dé una mano desde el fondo de la historia y nos ayude a dilucidar los problemas de siempre.

En el Manual de zonceras argentinas Arturo Jauretche nos recuerda que la eficacia de las zonceras no está en su argumentación sino en la repetición dogmática de sus contenidos sin analizar aquello que se repite. Por eso, con rascarlas un poquito alcanza para mostrar que están vacías.

Una de las zonceras que se ha encargado de instalar la derecha desde sus oficinas mediáticas y que el sentido común colonizado ha repetido hasta el hartazgo es que las chicas que pertenecen a los sectores más carenciados ― las estigmatizadas con el rótulo de “choriplaneras” ― buscan quedar embarazas y tener muchos hijos para cobrar las AUH (Asignación Universal por Hijo).

Sin embargo, los datos oficiales arrojados por ANSeS nos muestran a las claras que ésta es una zoncera de acá a la China, porque el grueso de las familias más beneficiadas con estas ayudas sociales son las que menos hijos tienen, todo lo contrario a lo que uno se imagina. De hecho, de los 2.234.187 familias que reciben la AUH, el 51% solo tiene un hijo, el 28% dos hijos, el 13% 3 hijos, el 5% 4 hijos y el 2,3% 5 hijos.

Un dato que pasó al voleo en el anterior párrafo es que el 80% de las familias que cobran la AUH tienen entre uno y dos hijos. Delicioso y exquisito, ¿no es cierto? Razón que nos lleva a desterrar de un plumazo que las familias más numerosas son las que más ayuda social reciben, porque en la práctica, sucede todo lo contrario.

Pero, como nos gusta poner en evidencia al sentido común colonizado vamos a darle un último changüí. Situémonos del lado de esas madres desempleadas que representan el  2,3% ― que son las que tienen cinco hijos ― y perciben un total de $13.260 mensuales ¿Cómo hacen para sobrevivir sabiendo que la última canasta básica trepó a $29.500 para una familia con cuatro miembros? Evidentemente, no pueden.

En importante recalcar que la escala de beneficiarios finaliza en cinco hijos porque la asignación establece que se cobra por hasta esa cantidad y en menores de 18 años, salvo en hijo con discapacidad ya que no existe límite de edad. La cobra solo uno de los padres ― siempre priorizando a la mamá ―, el 80% se cobra mensualmente y para percibir el 20% restante se debe presentar una vez por año la Libreta de Asignación Universal que detalla la situación laboral del adulto responsable, acredita la asistencia del niño a la escuela, certifica los controles de salud y documenta que el niño recibió las vacunas correspondientes.

Pero, como si esto dato no fuera suficiente para erradicar esta zoncera, ANSeS también nos dice que el 47,4% de las mal llamadas “choriplaneras” trabajan, es decir que es errónea la generalización que califica de vagas a todas las beneficiarias por estas políticas inclusivas.

Y, si seguimos rascando la cáscara, lo que vamos a encontrar es a la madre que parió a todas, la zoncera de civilización y barbarie, tan denunciada por Jauretche. Porque la cuestión de fondo termina siendo el odio de clase de las mil familias de la Sociedad Rural que nunca le han podido perdonar al peronismo la política progresiva de sacarle a los que más tienen para darles a los que menos tienen.

Sin dudas, la AUH se constituyó como una política que revivió el odio y activó los mecanismos de la colonización pedagógica estigmatizando a sus beneficiarios. Como sostiene el especialista en materia social, Antonio Colicigno: “La AUH que fue recibida inicialmente desde un punto de vista optimista, paulatinamente fue cobrando una crítica subterránea, fomentada por una cultura dominante que estigmatiza permanentemente a los sectores marginales y una conciencia de ciertos sectores de la clase trabajadora que a veces se acerca más a los de arriba que a los de abajo” (2019, p. 90).

Todo es mentira y por eso clasificamos este fenómeno social como una zoncera. Porque las madres no buscan quedar embarazadas para cobrar la asignación universal y así vivir de ella, ya que si esto fuese así la mayoría de las familias beneficiarias tendrían que tener cinco hijos y la evidencia nos muestra todo lo opuesto. Como también es mentira que todas pretenden vivir a costa del Estado, ya que observamos que  casi el 50% de las beneficiarias se encuentran actualmente ocupadas.

Seguramente, mientras usted era interpelado por estas líneas fruncía las cejas en señal de asombro. Esto es así porque incluso nosotros ― que muchas veces nos creemos que fuimos bendecidos con el don de la verdad revelada ― terminamos naturalizando las ideas instaladas por los de la vereda de enfrente.

Aquí yace la razón de su victoria. La dominación sobre las mayorías populares se concreta cuando se naturalizan los mecanismos de dominación a los que se los somete. Es aquí, en el campo de la cultura, en donde Jauretche encuentra el origen de todos los males que aquejan a los pueblos.

La matriz ideológica que estigmatiza a los de abajo es la misma que la de siempre. Ayer como hoy, la terminología «cabecitas negras” y «grasitas»  utilizada por los representantes del mal para descalificar a los beneficiarios de las políticas progresivas, encuentra su correlato en las “choriplaneras” de hoy.

¿Más claro? Jauretche.

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