Historias de trabajo 4

Historias de trabajo 4

Fernando Gandolfi es Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata. Se desempeña en el campo de la conservación y restauración de edificios públicos y otras obras de valor patrimonial. En esta entrevista cuenta cuáles fueron sus principales trabajos y destaca su interés por las tareas asociadas a la recuperación de la memoria histórica.

¿Cómo se compone tu núcleo familiar directo?

Soy casado hace más de 30 años con Ana Ottavianelli, que es arquitecta y docente también. Con lo cual, intermitentemente, hemos trabajado juntos en la profesión y en la docencia. Compartimos equipos docentes y, por otro lado, cada uno también tiene otros espacios. Tenemos dos hijas. Una es Profesora de Historia, la mayor, que tiene 29 años. Y la menor, que estudia Medicina.

¿Y tu familia ampliada?

Mi hermana es pionera en mi formación, es mayor que yo. Estudió también en el Bachillerato de Bellas Artes, que es el que yo hice luego, y también estudió arquitectura. Y es ella la que me introdujo en un conocimiento de lo que era la arquitectura. Mis padres, fallecidos, con formación primaria en el caso de mi madre y secundaria técnica en el industrial Albert Thomas, en el caso de mi padre. Y que también tuvieron una influencia en lo formativo en los distintos fenómenos estéticos, constructivos. Hay cosas que se ligan. Mi madre hacía corte y confección. Cocía prácticamente toda la ropa que usaba. Inclusive hasta por cuestiones de talle. Por tener los brazos largos. Entonces, toda esa cosa de gusto, apariencia y prolijidad, era un valor presente.

Contame tu desarrollo curricular y profesional, más o menos brevemente

Lo académico siempre estuvo anclado, desde que me recibí, en dos áreas. En historia de la arquitectura y en proyecto arquitectónico, que en términos curriculares es lo que en la facultad llaman el taller de arquitectura. Y, en realidad, el punto de convergencia tanto en lo profesional como en lo académico, tiene que ver con la intervención sobre preexistencias, que es lo que se asocia a la idea de conservación y restauración. Pero va más allá.

Tiene que ver con el trabajo sobre edificios preexistentes. Y eso tuvo una primera expresión en la creación de la Maestría, que dirijo desde ese momento, primero como especialización, desde 2004. La Maestría se llama sobre Conservación, Restauración e Intervención del Patrimonio Arquitectónico y Urbano. Y después, esa experiencia de posgrado se convirtió en una propuesta de grado que es el actual taller Gandolfi- Ottavianelli- Gentile, que tiene como particularidad, entre el resto de las propuestas pedagógicas de la Facultad, que la mitad del año se trabaja sobre temas convencionales, partiendo de proyectos desde cero, si es que ese cero existiese, y la segunda mitad del año, los seis niveles, más el proyecto final, trabaja sobre preexistencias. Es lo que se entiende como ampliación, adición y que implica también refuncionalización y nuevos ciclos de vida. Tuve una actividad mixta con encargos privados y otros que tienen un punto intermedio. Porque son iniciativas privadas, a partir de concursos de anteproyectos, que después la obra se termina realizando en el ámbito de lo público. En el caso de nuestra intervención como equipo, me refiero a Ana Ottavianelli, Eduardo Gentile y yo, como asesores en aspectos patrimoniales desde el concurso internacional del grupo 4FS, con el que se ganó el concurso internacional para lo que fue, en principio, el Centro Cultural del Bicentenario y es el Centro Cultural Kirchner. Con trabajos que también tuvieron como ámbito, desde la recuperación de la democracia, la dirección de construcciones de la Universidad; donde empecé a involucrarme en temas de conservación y restauración de edificios como el de la propia Presidencia de la Universidad, la actual sede del Decanato de Ingeniería. Después, trabajos que también se hicieron en el marco de convenios desde la Facultad con organismo públicos, como la refuncionalización del antiguo Palacio Municipal de Quilmes o intervenciones en la Legislatura, en la Casa de Gobierno de la Provincia, en el Conservatorio Gilardo Gilardi. Dentro de la Universidad, también, la primera etapa de lo que fue la recuperación del Liceo. Un trabajo que después llevó adelante mi esposa, Ana Ottavianelli. Y trabajos en la órbita privada, con trascendencia, como la intervención en la casa Mariani-Teruggi, que es un monumento histórico, un trabajo que hice con Ana Ottavianelli. Y bueno, otros trabajos en el ámbito privado. En mi caso, siempre asociados a la intervención sobre preexistencias, en el grueso de mi carrera.

¿Tenés algún tipo de militancia o espacio de pertenencia política?

Mi militancia tiene que ver con el amplio marco que se puede decir que es la identificación con la democracia. Generacionalmente, estoy identificado con la lucha contra el poder dictatorial. Postdictadura, precisamente, con la reivindicación de los derechos humanos. Y mi trabajo se expresó disciplinariamente en ese compromiso con los compañeros muertos y desaparecidos. Y, fundamentalmente, con quienes fueron compañeros en la secundaria. Y después, en el marco de lo institucional, con los docentes, no docentes y estudiantes de esta facultad, que se trasluce en la firme política de derechos humanos que, precisamente, tuvo a principios de la anterior gestión, y se expresó en la creación del Programa Permanente de Derechos Humanos, que tiene expresión física, por ejemplo, en el panel que en el hall de la Facultad dio visibilidad permanente a los rostros de todos esos compañeros que, hasta ese momento, habían sido un nombre que no tenía una visibilidad a nuestro criterio lo suficientemente fuerte. Fue un trabajo que en el último tramo se coordinó con la política de reparación de legajos que tiene la Universidad Nacional de La Plata y con la construcción de las historias personales de cada uno, que es un trabajo en construcción. Con la incorporación de muestras fotográficas también en un espacio permanente, en la galería del aula 1 y 2, que tiene que ver genéricamente con la memoria de las desapariciones forzadas y los secuestros. En fin, básicamente con esa política de memoria, recuerdo y compromiso.

¿Trabajos con la comunidad en el campo de la Extensión?

Hay varios proyectos acreditados que trabajaron en distintos sectores. Por ejemplo, se reiteraron cursos de extensión que tienen que ver con lectura de planos, de documentación técnica para albañiles. Notamos hace un tiempo que había un corte entre la praxis del oficio de la construcción y el trabajo intelectual, que es la interpretación del plano y que está al alcance de gente que tiene manejo del oficio, pero que había que entrenarlos en un campo que estaba un poco vacante, que era esa idea de interpretar el material que producen los arquitectos. Eso tuvo una asistencia importante y fue la puerta de entrada a estudios de grado. Esa familiarización con el medio físico. Después, otros que apuntan a sectores más amplios de la sociedad, en términos de realizar tareas de mantenimiento en la faz técnica de construcciones que hacen a la vivienda, electricidad segura, construcción de calefactores solares. Son políticas de mejoramiento del hábitat. Un proyecto que ahora está en pleno desarrollo es el corralón solidario, que tiene que ver con ubicar a la facultad en un punto de recepción de materiales útiles sobrantes de obra, que a veces se acumulan en una vivienda o son descartados. Entonces, lo que se plantea es un rescate para hacer una reasignación a sectores que los necesitan. Son actividades formativas que trascienden la frontera de la región en el marco de convenios con municipios, colegios profesionales. Cursos que tienen que ver con la tercera edad, la asistencia en el marco de convenios, de jubilados que complementan instancias de formación en la Facultad. Hay un programa de radio que sostenemos desde hace 4 años y lo seguimos haciendo. Vamos por el programa 104, el próximo jueves, que va en la AM de Radio Universidad, los jueves de 20 a 21, conducido por Cecilia Giusso y Alfredo Tangorra, producido por María Paula Aranda. Estoy a cargo de la creación y producción de contenidos del Programa, que tiene una llegada a amplísimos sectores, tanto intra como extrauniversitarios.

¿Cómo observás la política de protección, preservación o conservación arquitectónica nacional?

Estamos rezagados respecto a otros países. Con esto no me refiero sólo al contexto europeo sino al contexto latinoamericano. Basta con pensar que países como Brasil tuvieron una política de Estado desde la década del 40. Y después, en la Ciudad, donde hay carencias incluso formativas que hacen a esa idea de protección de los valores históricos de la arquitectura. Hay una oferta limitada de posgrados en esa materia o con enfoques que vayan más allá de inventarios. Que tengan que ver con potenciar preexistencias, más allá de conservar o proteger obras de carácter histórico. Una cosa es identificar o relevar y establecer un registro de obras patrimoniales y otra es tener las herramientas para colocar a esas obras en un segundo ciclo de vida, que es proyectual. Supone la consideración de los valores originales pero, por otro lado, la identificación de otro tipo de intervenciones adecuadas a las características de esa preexistencia basada en principios de intervención que tienen que ver con la idea de reversibilidad. Esto se da, para dar una explicación sintética, en el campo de la técnica. La técnica no debe afectar los valores esenciales en las obras de carácter patrimonial. La técnica es efímera. Entonces, no podemos transformar una obra que llegó hasta hoy con sus valores originales, por una adecuación técnica circunstancial. Pensar que en una obra de carácter patrimonial hay elementos que son prescindibles. Por ejemplo, las carpinterías. Y eso ocurre hasta la actualidad. Hay deficiencias formativas. Por ejemplo, una carpintería histórica se puede adaptar a nuevas necesidades. Por el reemplazo de vidrios, sin reemplazar la carpintería de madera por aluminio, que puede ser más eficiente pero que desvirtúa valores originales. O, por ejemplo, la intromisión de equipos de acondicionamiento climático, que interfieren con la materialidad del edificio, que después dejan huellas. Es un marco de actuación. Hay conceptos que no son una libre interpretación de profesionales frente a una obra sino que son principios establecidos, producto de discusiones académicas, formativas, institucionales.

¿Qué acciones se pueden desarrollar para proteger el patrimonio?

Es el rol del Estado en distintos niveles. La labor del Estado es ejemplificadora y formativa. Por ejemplo, ver un edificio como lo que fue el orfanato Cervente convertido en un Conservatorio de Música sin haber perdido un ápice de sus valores arquitectónicos y estéticos, es una labor que tiene una repercusión en lo material pero tiene que ver con lo formativo, porque está a la vista de lo público, las potencialidades de un edificio o la idea de la recuperación de un edificio abandonado, que tuvo sentencia de muerte en la dictadura: el Liceo Víctor Mercante. Se anunció su demolición por el peligro de derrumbe, que no ocurrió a pesar del abandono. Por otro lado, su recuperación muestra que es una institución viva y cumple con los requerimientos de una institución vigente y moderna. La recuperación se extendió porque se inició sin recursos. La primera convocatoria fue en diciembre de 2001 y tuvo una etapa de gran voluntarismo de ex alumnos y de la Dirección de Construcciones de la Universidad y por parte del Municipio. Eso fue muy lento hasta que la Legislatura otorgó un subsidio que hizo posible avanzar en la obra, que no está concluida según las previsiones pero hizo posible habilitar el edificio. En ese sentido, se pueden ver las potencialidades que tiene el edificio. La Universidad tuvo una política de recuperación. Fueron años de abandono. Inclusive, con episodios de vandalización y saqueo. Después, la obra más importante que se hizo en la Ciudad, tanto urbana como en recuperación, es el Pasaje Reforma Universitaria. Se recuperó tanto la sede histórica de la Presidencia como se vivificó al edificio, más allá de su transformación en un edificio polifuncional, que permitió la entrada de luz tanto a locales del edificio antiguo como al edificio moderno y, por otro lado, brindar ese espacio a la Ciudad. Tuvo un costo material pero es una labor ejemplificadora.

¿Cómo se te ocurre que se puede lograr un nivel de conciencia elevado por parte de la comunidad respecto a la conservación del patrimonio?

Por la introducción de contenidos en la formación desde el jardín de infantes. La valoración del ámbito donde se estudia y vive. Entonces, eso es una tarea formativa, de difusión, pero que tiene que ver con la experiencia. El habitar un lugar mantenido, conservado, regenerado, que se va adecuando a las condiciones de uso pedagógicas y vivenciales de cada institución, que está vivo. Que necesita de una intervención en la esfera de lo físico que tiene que ver con la conservación, con el mantenimiento, con la adecuación tecnológica, con dar accesibilidad, confort climático, acústico. Pero que no compiten con los valores patrimoniales.

¿Qué vinculación tiene la facultad con alguna política de expansión de planes de vivienda a nivel local, nacional o provincial?

En ese sentido, hay un gran potencial que está a disposición de los organismos y que en los últimos tiempos han tenido algunas expresiones pero que son sólo una pequeña proporción de lo que somos capaces de desarrollar. En el marco de un convenio se realizaron unos prototipos, el Taller de Producción de Obras, del ingeniero Sobrero y el arquitecto Lancioni, con el municipio de San Martín donde se registran en el campo de barrios vulnerables una inusitada cantidad de incendios que arrasan con las viviendas. Entonces trabajaron en la realización de un prototipo que no resuelve en forma definitiva el problema de la vivienda perdida pero que sirve de manera transitoria mientras los propios afectados reconstruyen su casa.

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